Sigo dando pasos lentos y silenciosos por estos pasadizos
oscuros decorados con manchas de sangre donde solo Dios sabe que me espere a la
vuelta de cada esquina, lo único que me da alivio son algunas luces prendidas y
el resplandor de los rayos. Repentinamente veo que la puerta al final del
pasillo comienza a abrirse, con sigilo abro la puerta más cercana a mí y entro rápidamente,
veo una computadora encima de un escritorio y me oculto debajo de este, esperando
a que nadie cruce la puerta. De pronto algo golpea las ventanas y del susto golpeo
mi cabeza con el escritorio que hace que el monitor caiga al suelo rompiéndose,
llego lo más rápido posible al otro lado del cuarto y me oculto detrás de un sofá,
mirando la ventana veo que solo fueron un par de ramas las que me dieron aquel
susto.
Espero un buen rato, lo suficiente para decidirme a
salir de ese cuarto, así que me dirijo a la puerta y suavemente la abro, asomo
la cabeza y me alivio al solo ver el vacío. Retomo el camino y llego al final
del pasillo, doy un vistazo a su interior y ahí los veo, conversando sobre cosas
de medicina mientras uno de ellos con un cuchillo abre el estómago y saca los órganos
de un desafortunado que se topó con ellos.
- ¡Esto es un hígado! ¿Ven su forma y color?
- ¿Cómo sabes que es un hígado?
- Lo se gracias al libro que llevaba consigo esta
perra antes de que le clavara este cuchillo en el ojo.
- Felicidades, ahora eres un sabiondo.
- ¿Me estas insultando?
- No hombre, solo digo que ahora sabes que el resto
de nosotros.
El que tiene el cuchillo se acerca al que le respondió,
con la clara intención de sacar sus entrañas, entonces miro arriba mío y veo un
conducto de ventilación, lo suficientemente grande como para que pase, así que aprovecho
la bulla y logro entrar al conducto, mis manos y rodillas se mojan al gatear
por el conducto, a lo lejos escucho los gritos de dolor de aquel tipo, después silencio.
El final del conducto me lleva al segundo piso del
lobby de ingreso, salto al pasillo cayendo abruptamente, recobro el sentido
cuando una sensación de pánico me invade al ver mis manos cubiertas de sangre,
lo mismo descubro con mis pantalones. Contengo el grito y me quedo un rato
sentado tratando de mantener la calma, pensando en que pronto poder salir de
aquel infierno.
Me levanto y camino hasta la puerta que conecta con
las escaleras al primer piso, la abro. Siento el pánico y el escalofrió a tal
magnitud que casi pierdo mi cordura, seguido del grito más fuerte que haya
hecho en toda mi vida: la imagen de una cadáver en movimiento pendular colgado de
una pierna boca abajo fue lo único que
hizo que mi objetivo de salir lo más pronto posible de aquel lugar se fuera al
tacho.
A toda prisa atravieso las escaleras al primer piso,
esperando que ninguno de ellos haya escuchado aquel grito, más aquel deseo no
se cumpliría. De todas direcciones oyo pasos acelerados acercándose a mi, veo
la gran puerta que conecta con la salida abierta de par en par y corro hacia mi
salvación. Lo único que veo al llegar a la entrada son las miradas de decenas
de ellos, reflejadas por las luces del exterior.
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